No sabemos muy bien cómo describir esta etapa, por una parte ha sido la más bonita de todas pero tiene mucha subida, hasta donde dicen que son bajadas, no lo son. A veces dolían las piernas en exceso y eso nos ralentízó más de la cuenta.
Nos levantamos un poco más tarde de lo habitual puesto que en el Hostal el desayuno no lo servían hasta las ocho de la mañana. Hacía bastante frío por lo que decidimos calentar las piernas haciendo empujim por la calzada romana … La subida, espectacular … las piedras estaban resbaladizas pero el paisaje merecía el esfuerzo. Sin mucha complicación pasamos el puerto de Bejar.
La bajada de Bejar hasta el Puente de la Malena tiene zonas bastante técnicas en las que los frenos tienen que trabajar intensamente, pero el bosque de castaños y el río en el que desemboca el camino es el premio que todo peregrino/bicigrino merece. Si no haces esa ruta andando o en bici, es muy dificil que puedas conocerla y disfrutarla. Es uno más de los motivos que justifican esta aventura.
Decidimos subir a Calzada de Bejar por la antigua Calzada romana, que ni es antigua ni es romana, ni es calzada, es una trampa para los peregrinos. Rampas con un gran desnivel que lo que parece es un desprendimiento de rocas.Os recomendamos subir por carretera.
Sellamos las credenciales en el ayuntamiento del pueblo y descansamos un rato en su plaza. La chica del bar nos dijo que hasta Fuenterroble tendríamos un paseito, que en poco más de una hora llegaríamos sin problemas … pero nada más lejos de la realidad. Aunque al principio el terreno es amable, despúes entre Valverde de Valdelacasa y Valdelacasa hay un desnivel importante y rompepiernas. Puede compararse a un puerto de tercera categoría.
Llegamos a Fuenterroble con la única intención de saludar al padre Blas y sellar las credenciales. Tuvimos suerte y estaba en el albergue. Nos preguntó que hasta donde queríamos seguir y cuando escuchó mis dudas por el dolor de piernas, sin pensarlo dos veces nos dijo “os quedáis aquí” te quedas en la American House que son dos habitaciónes destinadas al uso de los peregrinos americanos ya que han sido ellos los benefactores de la obra. Estuvimos de lujo en una habitación individual con cuarto de baño para nosotros solos. Ante tal propuesta era imposible resistirse.
Desde aquÍ queremos agradecer a Corina y a Javi, los hospitaleros su acogida, su forma de ser, su manera de desvivirse por todos lo que llegamos hasta allí y muy especialmente al Padre Blas por la deferencia que tuvo con nosotros.
Participamos en la cena comunitaria del albergue en la que cada uno aportamos lo que mejor nos pareció y que fue sin duda alguna lo mejor de la jornada porque vivimos por primera vez el verdadero ambiente del Camino, compartimos mesa, conversación y compañía con peregrinos de varias comunidades españolas y alguna que otra nacionalidad.
Hoy fue un día en el que la frase “Yo no elegí nacer en Extremadura, simplemente tuve suerte” adquirió todo su significado para nosotros.
La dehesa nos ofreció su magnificencia con un amanecer indescriptible y un paisaje aunque tantas veces visto, tantas veces diferente.
Ha sido un jornada dura en la que las subidas han ido pasando un poco de factura, pero no cambiamos ni una sola pedalada puesto que la recompensa recibida ha sido infinitamente superior al esfuerzo realizado.
Muchos peregrinos denominan a esta etapa la “etapa reina” de la Via de la Plata puesto que son 40 km sin tener acceso a ninguna población.
Tras un buen desayuno en el Bar de la Señora Elena (nos regaló 2 huevos cocidos y una bolsa con un montón de cacahuetes para llevar) empezamos la jornada cuando el sol aun se estaba desperezando y nos vimos sorprendidos por un espectacular amanecer.
Salimos por un camino que está bastante roto y empezamos a adelantar peregrinos. El camino termina en las pistas asfaltadas de los canales de riego. Tras unos metros hay que girar a la derecha por una empinada y pedregosa cuesta que nos introduce en una dehesa de alcornoques y encinas donde te pierdes del mundo y del ruido. Está muy bien señalizado
El trayecto por Ventaquemada es una maravilla para ir en bicicleta. Se pedalea muy fácil aunque hay que tener cuidado de para no pinchar.
La llegada al Arco de Cáparra nos cogió de imprevisto puesto que te lo encuentras tras una curva.
Paramos a descansar en el centro de interpretación de la antigua ciudad romana de Cáparra. Allí hay máquinas expendedoras donde podemos comprar agua, snacks o refrescos.
Nos atendió un chico muy amable y vimos la proyección sobre la historia de lo que en su día fue una ciudad de paso e intercambio comercial.
Nos recomendó una variante por asfalto que nos ahorraría algunos km y decidimos ir por ella. No sabemos si acertamos porque el pavimento no estaba en muy buenas condiciones y además parecía pegarse a las ruedas. Sentimos que no podemos tirar de las bicis a pesar de no tener desnivel. Hizo que nos planteásemos si debdmos seguir o no con el viaje.
En Aldeanueva paramos a descansar de nuevo y allí tuvimos el primer momento de debilidad. Decidimos continuar .
El día empezó a refrescar y poco a poco vamos recuperando fuerzas a medida que avanzamos.
El cielo se llena de nubarrones y decidimos quedarnos en Baños de Montemayor, no tenemos más ganas de pedalear ni tampoco de mojarnos.
Nos hemos tenido que quedar en el Hostal Galicia porque el albergue estaba cerrado. Parece ser que es la tónica general del lugar, a pesar de ser de la Junta de Extremadura y tener hospitalero.
El día comenzó a las 7:35 empujando los 400 metros de la subida a la carretera desde el albergue . Es un camino malo, con piedra suelta y empinado.
Una hora después llegamos a Cañaveral continuando con la subida que dejamos en la tarde de ayer. Sellamos en un bar y continuamos. Es temprano pero ya hemos empezado a sudar.
Sin parar de subir llegamos al alto de los Castaños . Este puerto no tiene grandes rampas pero la rueda parece que se funde con el asfalto y cuesta mucho pedalear, avanzamos lentamente. Una vez arriba paramos a descansar e hidratarnos.
Decidimos continuar por carretera hasta el cruce de Riolobos. El paisaje para llegar allÍ, es precioso. Por muy acostumbrados que estemos a ver dehesas, es difícil no quedar ensimismados ante ellas.
En suave bajada en dirección a Grimaldo nos alcanzó un ciclista que hacía a ruta y pedaleamos juntos varios km hablando de la Vía. El firme ha mejorado y se pedalea con mucha más fluidez. Por fin conseguimos coger ritmo y velocidad,
Entramos en el camino después de una rampa y tras una bajada bastante técnica entre vacas y moscas, pedaleamos por pistas paralelas al canal de riego y llegamos al punto donde se ve la panorámica de la subida a Galisteo.
A partir de ahí el terreno se vuelve favorable por la ribera del rio Jerte. y no tardamos en llegar a casa de la señora Elena en Carcaboso, donde habíamos hecho reserva.
Descansamos en una habitación de matrimonio con aire acondicionado. El cuerpo lo va a agradecer.
A pesar de que ha sido un día duro de subidas, nos hemos divertido con la bici, sobre todo porque el calor sofocante de ayer nos ha dado tregua. Atrás de quedó la amalgama de sudor, piel, polvo y asfalto en la que nos convertimos.
Hoy el paisaje ha cambiado. El dorado de los pastos se ha ido transformando en el verde de los maizales y los cultivos de la vega del Alagón. Extremadura ha hecho gala de su riqueza cromática.
Aun no hemos encontrado ese misticismo del que muchos hablan, pero seguro que lo que necesitemos esta escondido en algún lugar, esperándonos.
El track ha sido grabado con Garmin 605 Edge y analizados con CompeGps map.
Esta mañana nos levantamos contentos por haber entrado de lleno en la burbuja de tiempo y vida que es el Camino de Santiago.
Anoche compartimos albergue, cena y charla con siete compañeros de aventura, cinco de ellos caminantes y dos bicigrinos. Nos resultó curioso que de los nueve, siete fuéramos extremeños y que cinco de nosotros seamos de Badajoz y del mismo margen del Guadiana. Estaba también una chica de Antequera cuyo pasatiempo preferido era hablar y el personaje curioso del día, Jhon, un extranjero que unas veces era irlandés y otras holandés. Decía que sólo sabía cien palabras en español , pero no se callaba ni debajo del agua.
Empezamos a pedalear con el frescor de la mañana. Vamos por la N 630 de nuevo.
Desayunamos un donut y un café de máquina en la gasolinera de Valdesalor porque al ser domingo no encontramos nada abierto.
Subimos el Puerto de las Camellas sin complicaciones y Cáceres nos recibió a medio despertar, el paseo de Cánovas nos hizo de anfitrión. Pocos coches y menos gente.
Pensábamos parar en la Plaza Mayor pero para nuestro desencanto está en obras, así es que decidimos continuar sin parar hasta Casar de Cáceres.
Casar de Cáceres celebra sus fiestas del Ramo, así es que de nuevo estaba todo cerrado. Tuvimos que dar varias vueltas para poder comprar un poco de pan y agua.
Nos comimos unos bocadillos en la puerta de la iglesia de la Asunción y cuando nos íbamos una monja abría las puertas por lo que aprovechamos para sellar y ver la iglesia por dentro.
Nos resulta muy curioso como en las puertas de algunas casas se montan una especie de altares muy ricamente adornados y con ofrendas de animales y alimentos
Unos vecinos nos aconsejaron ir por el acceso de la N630 a Casar porque aunque está en obras y la carretera cortada, podíamos pasar con las bicis y ahorrarnos un buen trecho. Así lo lo hicimos y nos ahorramos dicho trecho. La rampita que nos dijeron, resultó ser un rampón lleno de polvo. Hacía como mínimo 35 grados y sin una pizquita de aire que nos diera un poco de alivio.
Por fin salimos a la carretera, pedaleamos con fluidez hasta el sube y baja del pantano de Alcantara.
No encontramos ninguna indicación de acceso al albergue, sólo podemos fiarnos del gps pero no sé si por el cansancio o porque el waipoint estaba mal puesto para localizarlo tenemos que llamar para que nos indiquen la entrada. Las instalaciones no se ven desde la carretera.
Llegamos a las dos y se abrieron para nosotros las puertas del paraiso. El albergue, un lujo. Tenemos una habitación de cuatro para nosotros solos y nada más que hay una pareja extranjera que no entienden nada de español.
El albergue cuenta con un ordenador y conexión a internet. También servicio de lavandería.
La única opción de comida son pizzas o lasaña congelada que prepara la encargada, así es que lo mejor es llevar lo que se vaya a consumir.
Las vistas del atardecer desde el albergue son preciosas, todo un remanso de paz.
Salimos de Mérida por el Puente romano cuando empieza a amanecer. Un carril bici con ligera tendencia a subir nos saca de la ciudad dirección a la milenaria presa de Proserpina.
Una vez hechas las fotos de rigor decidimos continuar por la N 630 hasta Aljucen. El tramo hasta Alcuescar lo habíamos hecho a modo de entrenamiento hacía unas semanas y no queríamos repetir. Se trata de atravesar el parque natural de Cornalvo, una bonita dehesa bien señalizada.
Para las 10:00 ya estábamos en Aljucen sin mayores problemas. Por asfalto se rueda rápido. Aunque es una carretera nacional, la 630 tiene escaso tráfico.
En Alcuescar paramos a sellar la credencial en el albergue.
A partir de aquí entramos en el trazado original de caminos de tierra. No hay ningún tipo de complicación ni desnivel.
En Casas de Don Antonio paramos a refrescarnos un poco al lado de su puente romano
Llegamos a Aldea del Cano a las 13:30 . El albergue está casi lleno. Solo quedan tres camas.
Entramos un poco despistados pues nunca hemos pernoctado en este tipo de alojamientos, Los peregrinos que ya están allí no se muestran nada colaboradores, han hecho grupo y van a lo suyo. Nos sentimos bastante ignorados.
Hay que pagar al restaurante Las Vegas (está al lado) y de paso comimos. Bastante bien y económico.
Las instalaciones del albergue son buenas pero la escasa ventilación del dormitorio y las moscas hacen que decidamos irnos a descansar a la piscina del pueblo. Allí pasaremos una tarde estupenda. Los peregrinos tenemos descuento,