Etapa 3 – Garrovillas de Alconetar- Carcaboso

Datos grabados con Garmin 606 Edge y analizados por CompeGps 

PERFIL

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El día comenzó a las 7:35  empujando los 400 metros de la subida a la carretera desde el albergue . Es un camino malo, con piedra suelta y empinado.

Una hora después llegamos a Cañaveral continuando con la subida que dejamos en la tarde de ayer.  Sellamos en un bar y continuamos. Es temprano pero ya hemos empezado a sudar.

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Sin parar de subir llegamos al alto de los Castaños . Este puerto no tiene grandes rampas pero la rueda parece que se funde con el asfalto y cuesta mucho pedalear,  avanzamos lentamente. Una vez arriba paramos a descansar e hidratarnos.
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Decidimos continuar por carretera hasta el cruce de Riolobos. El paisaje para llegar allÍ, es precioso. Por muy acostumbrados que estemos a ver dehesas, es difícil no quedar ensimismados ante ellas.
En suave bajada en dirección a Grimaldo  nos alcanzó un ciclista que hacía a ruta  y pedaleamos juntos varios km hablando de la Vía. El firme ha mejorado y se pedalea con mucha más fluidez. Por fin conseguimos coger ritmo y velocidad,

Entramos en el camino después de una rampa y tras una bajada bastante técnica entre vacas y moscas,  pedaleamos por pistas paralelas al canal de riego y  llegamos al punto donde se ve la panorámica de la subida a Galisteo.

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 Paramos a comer  y refrescarnos en un bar y a seguir subiendo hasta la puerta del Rey. La muralla que la acompaña es impresionante, no hay foto que le haga justicia.
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 A partir de ahí el  terreno se vuelve favorable por la ribera del rio Jerte. y no tardamos en llegar a casa de la señora Elena en Carcaboso, donde habíamos hecho reserva.
Descansamos en una habitación de matrimonio con aire acondicionado. El cuerpo lo va a agradecer.
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A pesar de que ha sido un día  duro de subidas, nos hemos divertido con la bici,  sobre todo porque el calor sofocante de ayer nos ha dado tregua. Atrás de quedó la amalgama de sudor,  piel,  polvo y asfalto en la que nos convertimos.
Hoy el paisaje ha cambiado. El dorado de los pastos se ha ido transformando en el verde de los maizales y los cultivos de la vega del Alagón. Extremadura ha hecho gala de su riqueza cromática.
Aun no hemos encontrado ese misticismo del que muchos hablan, pero seguro que lo que necesitemos esta escondido en algún lugar, esperándonos.

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