Viana - Santo Domingo de la Calzada 63 km

iana ha marcado un antes y un después. La que fue nombrada “Muy Noble y Leal Ciudad de Viana Cabeza de Principado del antiguo reino de Navarra” ha dejado huella en nosotros.

Sus calles, sus monumentos, sus casas blasonadas, su alegria, sus fiestas y todo un conjunto de emociones bien dosificadas han conseguido convencernos que merece la pena seguir adelante y sacarnos de la cabeza las ideas del abandono. Hemos recibido el abrazo invisible de sus gentes y una caricia del camino en nuestros ánimos.

Como suele ser normal cuando se cambia la litera de un albergue por la cama de una pensión, hemos dormido y descansado bien. A las siete y media de la mañana ya estamos saliendo rumbo a Santo Domingo de la Calzada, donde también hemos reservado plaza en un Hostal.

Nos paseamos por una Viana que con las primeras claras del día aún permanece semidormida, siempre es un placer pedalear por las calles de los pueblos a estas horas; sobre los suelos enlosados la luz y el olor siempre son diferentes, es un último regalo de despedida con el que hay que deleitarse recogidos dentro de su silencio.

Salimos volviendo la vista atrás. Sabemos que nos llevamos algo pero que también quedamos parte de nosotros.

Logroño al fondo

Los escasos 10 km hasta Logroño los hacemos bastante rápido, hay muchos tramos en bajada y algún repecho pero sin demasiada importancia. Se agradece el fresquito.

Yendo por estas pistas asfaltadas tuvimos un punto de controversia entre las flechas amarillas y el track del gps, cada uno marca a un lado diferente, así es que paramos y una vez situados decidimos no hacer caso a la tecnologia  por aquello de “en caso de duda, sigue la flecha”.

Pasamos por Logroño sin pena ni gloria, hasta tal punto que no hicimos ni una sola foto. Paramos a desayunar en el primer sitio que vimos abierto justo enfrente del Parlamento de la Rioja y arreando que las piernas se están enfriando.

Salimos de la ciudad por un area recreativa y deportiva. Recuerdo un tramo flanqueado de cipreses y con muchísima gente dando el paseo matinal. Me pareció la ruta del colesterol logroñesa ;o)) Tenemos que ir esquivando peregrinos y vecinos.

Llegamos al embalse de la Grajera e hicimos las típicas fotos, en el muro apostados había gran número de peregrinos,  tuvimos que esperar al menos diez minutos para que ninguno saliera en la foto.

Embalse de la Grajera

Pasamos por el parque de La Grajera y sorteamos a todos los peregrinos que andaban por allí desperdigados. Hay que pasar cuanto antes a la cuadrilla mochililla porque nos espera un alto del mismo nombre que el parque.

El paisaje sigue vestido de viñedo y tramos de tierra y de pistas asfaltadas.

Nos llama la atención este cartel en el que se anuncia el Centro de BTT de Moncalvillo. Es una iniciativa turistica muy interesante porque propone conocer la comarca en bici a través de 20 rutas que están señalizadas y con diferentes niveles de dureza para que sean accesibles a todo el mundo

 La valla tiene las típicas cruces de madera dejadas por lo peregrinos

Bajamos a Navarrete entre cepas bastante divertidos y aunque consideramos que es un pueblo interesante de ver, lo dejamos para otra ocasión. Lo mismo pasa con Ventosa, que como el camino te da la opción de seguir sin entrar al pueblo, pues para adelante que seguimos.

Ventosa se presenta mediante este cartel y fue lo único que vimos de ella porque  está colocado justo debajo de la red de alta tensión, oímos chasquear la electricidad y pasamos rápido porque nos empezó a doler la cabeza debajo de aquellos cables. Menos mal que fue momentaneo

Navarrete al fondo

Cartel de Ventosa

A partir de Ventosa empieza la subida al Alto de San Antón, tiene algunos tramos técnicos, que dependiendo de la habilidad de cada uno habrá que empujar o no.

Pasado el alto bajamos rápido a Nájera donde paramos a comer.

Al salir de Nájera hay que subir un par de cuestas pero sin mucha relevancia pero que tienes que sudar.

Dejamos atrás Azofra sin parar. Habíamos oído hablar mucho de la recta  de Terradillos de los Templarios, pero nadie nos había avisado de que lo que nos íbamos a encontrar entre Azofra y Cirueña.

Lo recordamos como el peor, el más pestoso y más cansino de todos los caminos por los que hemos pedaleado en nuestra corta historia  bicicletera. Además tiene un final apoteósico donde te regala dos repechos que te quedan sin fuerza.

Hay muchas rectas, el suelo es de esos que si no tienes una buena amortiguación te deja el cuerpo mayugado. Tiene una ligerísima tendencia a subir durante todo el trayecto ( más de 18 km aunque las guías dicen que 15) pero que se cabrea de una manera bestial al final. En un punto en concreto solo en 400 metros se salva un desnivel de 90 metros de altitud.

Aunque al salir de Azofra teníamos todos los botes llenos de agua, a estas alturas ya tenemos que ir racionándola.  Cada uno avanzamos como podemos.

Por arte de magia, en medio de aquel erial aparece un área de descanso estratégicamente colocada tras la rampa más fuerte de todas . Es de nueva construcción por lo que los árboles no dan sombra. Encontrar aquella fuente fue como encontrar el maná.

Allí encontramos aun matrimonio de franceses bastante mayores y sofocados.

Nos hidratamos y continuamos marcha hasta el Club de Golf. Allí entramos en lo que hemos denominado ” urbanización fantasma” hay edificios enteros y promociones de chalets adosados completas con el cartel de se vende y no precisamente por la promotora o constructora. Calculamos siendo generosos, el 70% de las viviendas están vacías.

Feo paisaje por la derecha

Feo paisaje por la izquierda

Salvada la urbanización fantasma encontramos la bajada a la ciudad de los milagros, Santo Domingo de la Calzada y a toda velocidad para abajo.

El lugar elegido es la Pensión Miguel  http://pensionmiguel.com/index.html Totalmente recomendable, está muy limpio, buena cama y muy buen trato. Nos dieron las llaves de la habitación en la cafeteria de la pensión, nos recibió una empleada extranjera con un grado de ineptitud supino que hizo que subiéramos las bicis a la habitación aunque el jefe tiene un sitio reservado para ello. La chica andaba en bavia porque más tarde el dueño, muy amable nos pidió perdón y nos dijo que la empleada se había equivocado, para corregir el error nos invitó a unas cervecitas y mantuvimos una entretenida y alegre charleta con él.

Nos duchamos, descansamos un rato y nos vamos a ver a los pollos catedralicios. En plural porque hay dos. El dicho es “Santo Domingo de la Calzada donde cantó la gallina después de asada” pero es que están haciendo de menos al pobre gallo que también estaba en la mesa el día del famoso milagro.

Cuento el milagro para aquellos que me lean y sean neófitos en el camino de Santiago o que no sepan de donde proviene tal frase.

Allá por los tiempos de la edad media, una familia alemana peregrinaba a pie hacia Santiago de Compostela e hicieron parada y fonda en Santo Domingo de la Calzada. Una de las mozas que trabajaba en el lugar sintió la llamada irrefenable del amor por el hijo de la familia germana. Tan fuerte fue el enamoramiento que se lo hizo saber siendo rechazada por éste. Ella, resentida, rencorosa y vengativa tuvo la maldad de coger un vaso de plata y esconderlo en el equipaje del chico. Nada más salir por la puerta, lo acusó de ladrón. Fué detenido y ahorcado. 

Los padres después de tan desgraciada y luctuosa experiencia continuaron su peregrinación y al regreso encontraron que sostenido y protegido por Santo Domingo, su hijo continuaba vivo en la horca. Rápidamente  fueron a buscar al juez del pueblo para darle las noticias. El señor en aquellos momentos estaba cenando y en su mesa había asados un gallo y una estupenda gallina. Como no podía dar crédito a lo que estaba escuchando y con mucho cachondeito proclamó irónicamente la famosa frase “Esta historia es tan verdadera como que este gallo y esta gallina van a levantarse del plato y cantar” .. pero lo que no se esperaba es que los animalitos lo hicieran.

Dicen que hay un milagro, pues nosotros vemos cuatro. El primero es que una persona no se muera después de ahorcarla, el segundo es que un santo (que se supone que está a la verita de Dios) lo esté sosteniendo. El tercero es que resuciten las aves y el cuarto que cante la gallina (que se sepa no cantan, cacarean).

Después de este paréntesis histórico- místico seguimos.

Vemos los pollos y con la escasa luz natural que hay dentro de la catedral podemos hacer sólo unas cuantas fotos, el retablo del altar es espectacular.

Hace buena tarde así es que nos damos un paseo cortito y después vamos a cenar a un restaurante italiano que hay en una especie de bulevar lleno de veladores en la calle Juan Carlos I, justo enfrente de la pensión. Cenamos pasta, nos reímos un montón con nuestras tonterías y todo perfecto. Ya estamos listos para irnos a dormir

El gallo y la gallina

Restaurante donde cenamos