San Xulian – Santiago de Compostela 69 km

Hoy es el último día de este camino. Tengo bastante claros mis sentimientos y prioridades. Quiero volver a casa. Necesito estar en mis espacios.

No siento ni tristeza ni añoranza por terminar esta aventura, estoy cansada y Galicia siempre se queda con una parte importante de mi todo.

He recibido del camino todo lo que me tocaba esta vez y le he entregado todo lo que me ha pedido. Estamos en paz.

Ya nos hemos vaciado de lo acumulado durante el año para volver limpios a las rutinas de siempre.

Sé que en el momento que cruce la puerta de casa querré volver, pero en este momento quiero estar entre mis cosas, en mi tierra, en mi mundo conocido.

Shabel

A las seis y media aun no se ha levantado nadie en la habitación, los tres holandeses y la francesa duermen plácidamente cuando suena nuestro despertador. Se levantan al mismo tiempo y todos preparamos el equipaje con la luz encendida (todo un alivio).

Cuando salimos a desayunar sólo son las siete de la mañana y Miguel nos dice que se le ha estropeado la máquina de café y que no puede dar desayunos. Lo raro es que no ofrece ni un vaso de leche o un colacao o un zumo frío. Nos da la impresión de que lo que quería era librarse de todos nosotros lo antes posible. Su hastío a estas alturas de la temporada es más que evidente. Así es que con unas oreo acompañadas de un traguito de agua nos apañamos.

Aún es de noche pero enganchamoss Evos y nos vamos.

Sólo nos alumbran los ranos que tenemos para que nos vean, o sea que nada y eso es lo mismo. 

Salimos pedaleando por una pista asfaltada con tendencia a bajar y través de una corredoira bastante ciclable, el problema son los peregrinos que no vemos. Llegamos a Pontecampaña y entramos en un bosque que de día debe de ser precioso pero que de noche y  a oscuras se convierte en el tenebroso bosque de los cuentos o las películas de miedo.

Le vamos poniendo ritmo al pedaleo siguiendo el rastro de luz de los caminantes a pesae de que hay piedras redondas enormes, ramas rotas y raices de los árboles invadiendo la vereda (el decorado ideal para darnos un golpe tan de película como el bosque) Vamos por un cauce seco.

Se veía clarear el cielo, la luz iba ganando terreno fuera de aquella espesura donde estábamos atrapados por la noche de todos los tiempos, parecía que el mundo se terminaba dentro de lo que debía de ser un paradisiaco y acogedor vergel a otras horas.  No hay fotos porque habría salido sólo oscuridad.

Paramos a desayunar y nos damos cuenta de que con tanta emoción Paco ha perdido las gafas de sol.

Casi sin darnos cuenta hemos llegado a Melide. El terreno ha sido favorable la mayor parte del tiempo y hemos rodado bien. Aunque ayer estábamos cansados hubiéramos podido llegar sin problemas y haber hecho más corta la etapa de hoy.

Puente de Melide
 
Sólo son las ocho de la mañana cuando llegamos a Melide y la verdad es que no es hora del ritual bicigrino  de pulpito y cervecita, así es que como la jornada va a ser dura decidimos no perder tiempo y pasar sin pena ni gloria. Sólo una paradita de descanso para llenar los botes de acuarius.
 
Mucho hemos oido hablar de la subida a Arzúa y la verdad es que tenemos curiosidad ¿ Nos hará empujar? Vamos a por ella.
 
Salimos de Melide por un maravilloso bosque.
El tramo hasta Arzúa es duro, agudizado por la acumulación de km que llevamos en las piernas. La sinuosa orografia gallega sabe muy bien como arrancarte desde la última gota de sudor hasta la última pizca de fuerzas que te quede.
 
 Al menos el suelo es firme, está compactado y se puede pedalear. Hay zonas de grava y otras de asfalto con algunos desniveles bastante importantes  pero que al menos no son demasiado largos. Es el lugar perfecto para hacer uso de la paciencia y la cadencia. Hay que terminar antes de que el calor nos lo ponga más dificil.

Llegamos a Arzúa a las diez de la mañana y decidimos hacer una parada más larga de descanso. Entramos en uno de los bares de la avda por la que discurre el camino, con ambiente bastante moderno para reponer fuerzas. Casi cuando nos íbamos nos encontramos de nuevo con el padre e hija italianos que siguen su camino por carretera. Deciden parar allí mismo, también quieren llegar a Santiago. Tras una breve charla nos ponemos en marcha.

A partir de Arzúa seguiremos pedaleando por caminos de tierra bastante compactada alternando algún tramo con carreteras secundarias y también por sendas paralelas a la carretera.

Los recuerdos que guardo hasta Santa Irene son ese desafiante sube y baja gallego que te machaca hasta hasta el último milimetro del cuerpo . Los últimos km hasta Pedrouzo son un andadero paralelo a la carretera que va hasta arriba de caminantes. Nosotros decidimos igual que el año pasado, subirnos al asfalto y adelantar terreno sin molestar ni que nos molesten.

 

Llegamos a Pedrouzo y como aun no es la una de la tarde la gran tropa peregrina no ha llegado, el pueblo está vacio, en las terrazas de los bares no había ni un sólo alma. 

Decidimos ir al supermercado para comprar bebidas y algo de comer. Pararemos en el bosque.

Es curioso como la memoria guarda los recuerdos, el tramo desde Pedrouzo hasta Lavacolla lo  tenemos grabado como un lugar lleno de peregrinos que nos produjo mucho stress, no recordábamos para nada el paisaje, la frondosidad del bosque donde paramos a comer.
 
Estamos descubriendo un lugar totalmente distinto al que ya conocíamos y donde el silencio sólo lo rompe el canto de los pajarillos y nosotros mismos. Fue todo un placer.
 
La subida a Lavacolla la recordámos como muy dura y axfisiante debido al número de peregrinos. A diferencia de otras veces, hemos subido facilmente y tranquilos.

Seguimos pedaleando casi en solitario, sólo nos encontramos con algún peregrino desperdigado y ensimismado en sus pensamientos. Llegamos al Monte do Gozo, subimos y nos hacemos la fotos de rigor

Como conocemos las distintas entradas de los caminos a la ciudad, elegimos dejar la del camino francés e irnos a la del Camino Inglés, que es mucho  más bonita y de paso entramos en la estación de autobuses para comprar los billetes del día siguiente.

Llegamos a la plaza y nada más aparcar las bicis, el camino se hizo lágrima, un abrazo cerró el mundo y un beso explicó lo que no se puede ver. El tiempo se dió la vuelta y todo quedo reducido a “estamos de nuevo aquí, juntos” 

Nos duchamos, descansamos y a disfrutar de Santiago. Cenamos en el restaurante que nos recomendó Tomás, la pulperia más antigua de Santiago , el restaurante” Los sobrinos del padre” .Enfrente hay un pub donde hacen unos gin tonic (que parece que son muy buenos) y allí continuamos la fiesta.

Poco antes de la una de la madrugada ponemos rumbo al Hotel y pasamos por la puerta del Café teatro “Garigolo”  lugar donde siempre terminamos nuestros caminos. Entramos y nos encontramos con uno de los mejores regalos. Hay un concierto en directo de Yhosvany Palma, pero más que un concierto es una reunión con amigos de otro grupo con los que está compartiendo música y momentos. Los únicos clientes una pareja extranjera y nosotros por lo que el clima de intimimismo y complicidad es maravilloso.

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