Samos – San Xulian 70 km

Tenemos el cuerpo con el horario peregrino conectado a nuestro despertador cerebral por lo que a las seis de la mañana ya estábamos viendo las noticias en la televisión.

Amanecemos bastante más descansados, fue muy buena idea acortar la etapa de ayer y dormir sólos en una habitación. Hoy hay mucho camino que pedalear y esto es Galicia.


Quien haya bicigrineado por esta zona del mapa sabe que no hay montañas ni puertos muy altos pero su orografía es un completo rompepiernas, agravándose al llevar el equipaje con nosotros.


Galicia se presenta ante los ojos del peregrino de una manera impactante, te regala bosques de cuento, senderos y caminos que te desconectan del mundo, pero a cambio has de entregarte a ella sin limitaciones. Sentirás como te abraza para balancear tus emociones y estrujar tus fuerzas al límite. Te quita mucho, te da mucho y lo más curioso es que eres feliz y dejas que el camino te rinda y te levante, te odie y te quiera. Permites sumisamente que todo pase por ti para descubrir su secreto.

Hemos decidido avanzar hasta Sarría por carretera por lo que no necesitamos la misma luz que si lo hiciéramos por camino, así es que a las siete estamos en la cafeteria para desayunar.


Cuando vamos a pagar el desayuno y la cena, Juan no nos quiere cobrar nada. Ante nuestra insistencia nos lo justifica diciendo que nos invitaba porque no nos había podido atender bien la noche anterior debido a la gran afluencia de peregrinos en el comedor. Cuando nos dijo “No os cobro porque no quiero y porque aquí mando yo” nos quedamos sin más argumentos. Así es que sorprendidos y muy agradecidos nos ponemos rumbo a Sarría por asfalto. La mañana se ha levantado con niebla.

Hacemos sin problemas los 17 km hasta Sarria, la mayor parte del trayecto es favorable a la pedalada. 

Atravesar Sarría es una pesadilla por culpa del tráfico. Nos llega a agobiar tanto que decidimos no parar. Esperamos encontrar el gran ejército peregrino. 
 
Volvemos al trazado original y por lo tanto al camino de tierra. A partir de aquí ya no habrá problemas con el suelo, la tierra está tan compactada por los miles de peregrinos que han pasado a lo largo de los años que se rueda con facilidad, además hay muchos tramos de cemento o de asfalto.
 
Habia muchos caminantes. Una pareja española nos saluda con mucha efusividad. Nos cuentan que había demasiados extranjeros raros y no podían conversar con ellos, era su primer dia y llevaban pocos km. Sus ojos irradiaban ese brillo que sólo puedes encontrar en este lugar. Nos contagiamos con sus emociones primigenias y recordamos las nuestras. Nos despedimos de ellos deseándoles muy Buen camino de todo corazón. Ella cree que nos volveremos a encontrar, pero eso es casi imposible.
 Poco después de Sarria hay que subir un repechón bastante gracioso
A partir de aquí empieza el cuestón
La subida es dura pero el bosque de castaños es expectacular.  Sin mucho terreno de descanso empezamos la subida hasta Barbadelos, Rente y Ferreiros. Pasamos por explotaciones ganaderas y agrícolas. Aqui pierdes toda la noción del pueblo por el que pasas ya que se suceden continuamente aldeas y pueblos. Son tan numerosos que es imposible recordarlos de memoria.

Estamos en el típico paisaje gallego de corredoiras, carreteras secundarias y pistas agrarias asfaltadas.Tenemos la sensación de que nunca deja de subir y subir, además hace mucha humedad por culpa de la niebla, sudamos bastante por el esfuerzo y eso pasa factura en los ánimos

Poco antes de Ferreiros, en A Brea, encontramos el monolito del km 100 a Santiago. Hay muchos peregrinos posando ya que esa es la distancia mínima que tienen que cubrir andando si quieren recibir la compostela.

Desde Ferreiros hasta Portomarin el terreno  empieza a bajar a la manera gallega pero los últimos km desde Vilachá si son de verdadera bajada. Llegamos a Portomarín atravesando el rio Miño.

Portomarín está construido en los años sesenta para realojar a los vecinos que tuvieron que abandonar el antiguo pueblo medieval tras la construcción del embalse de Belesar. El Portomarin original yace sumergido bajo las aguas del Rio Miño. Su entrada es una reconstrucción hecha a partir de uno de los arcos del puente del antiguo. Varios monumentos fueron transladados piedra a piedra.

hemos llegado a Portomarín antes de la una de la tarde y ya sólo nos quedan sobre 30 km. Decidimos continuar unos 8 km más hasta Gonzar y allí parar a comer. Así es que como llegamos nos vamos.
 
Llegar hasta el punto de descanso no es ningún regalo para las piernas, hay un fuerte repecho hacia el Monte San Antonio. En Gonzar los estómagos nos dicen que no se nos ocurra comer nada porque corremos el riesgo de que no aceptemos bien la comida con tanto subir y con lo que aún nos queda por delante. Así es que tomanos una cervecita y poco más. Serán las barritas energéticas las que nos propocionen la energia.
 
A partir de aquí apenas hemos hecho fotos, la etapa siguió ganando en dureza, nos costó mucho llegar hasta Palas de Rei porque el terreno no dejaba de subir y subir, no nos daba tregua. Muchos peregrinos subian como zombies por la carretera.
 
Desde Gonzar subimos a Castromayor, Hospital de la Cruz, Ventas de Narón y al de Alto de Ligonde . Tendremos un breve respiro en bajada hasta Eireche y Avenostre donde nos espera la propina de dos km que supone superar el alto del Rosario.
 
Llegamos agotados. Hace calor. Necesitamos descansar pero como estamos tan cerca del final ni siquiera paramos a comer en Palas de Rey.

En Palas de Rey solo hacemos esa foto a las muñeiras.  Son pocos los kilómetros nos separan de San Xulian, estamos deseando darnos una ducha y relajarnos.

Cuando por fin encontramos el albergue nos damos un fuerte abrazo . Ha sido un día duro pero lo hemos vuelto a conseguir.

Hemos llegado a buena hora, Todavia no son las tres de la tarde

En el albergue O Abrigadoiro nos recibe Miguel, su regruñón dueño. Nos trata con mucha amabilidad pero se queja de los extranjeros y el poco gasto que hacen. Creo que fue un alivio para él poder hablar con españoles y así poder descargarse un poco del stress.
 
Nos toca una habitación de siete camas que está en un edificio diferente al de un grupo de alemanes ruidosos y cantarines que disfrutan alegremente de unas botellas de vino.
A las ocho cenamos en una mesa llena de extranjeros, pero nos daba igual no poder hablar con ellos, la comida estaba bien cocinada y nosotros dos nos sobramos para darnos conversación. La única española que había parecía querer demostrar su dominio del inglés ya que estaba tan parlanchina que tenía aburridos a sus compañeros de mesa. A nosotros sólo nos dió las buenas noches. A las diez nos fuimos a la cama. 

Se apaga la luz. . . Mañana es el último dia.
La leyenda del lugar:
 
Cuentan que un soldado llamado Xulian mató a sus padres por error (no se sabe cual porque como toda leyenda no da muchos datos). 
 
Estaba tan arrepentido, torturado y triste por su crimen que crea junto a su mujer (una tal Adela)  un hospital con el fin de ayudar y servir a todos los peregrinos en su paso hacia Santiago. Con ello intenta llamar la atención de Dios para que lo redima de tanto sufrimiento y no lo condene al averno.
 
Tanto empeño y dedicación puso en expiar sus pecados que Dios le envió un Angel para comunicarle su perdón divino . Y colorín colorado, la leyenda se ha acabado. Parece que falta algo, pero no hay más.